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Cuentos con Mora y Leja Capítulo VI: La generosidad…lo que solo se puede dar desde el corazón
Viernes, 04 Septiembre 2026 19:20

Cuentos con Mora y Leja Capítulo VI: La generosidad…lo que solo se puede dar desde el corazón

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De punta en blanco, con zapatillas nuevas, camiseta a estrenar, y con hinchada propia, (casi toda la familia), Leja entraba en calor a órdenes del joven profesor que los apadrinaba. Había llegado el día del debut de “Las Magníficas Lauchas”!

La emoción envolvía a todo el equipo. La adrenalina flotaba en el aire de la maravillosa cancha de básquet del Club, una cancha con piso de parquet, tablero de vidrio e iluminación profesional…¡como en las grandes ligas!

En un equipo tan flojito de talentos, como lo es el de Las Magníficas, Leja, que jugaba al básquet desde muy chico, tenía asegurado el puesto de titular, desempeñándose como base o armador, en tanto el resto, (salvo Raúl “El jirafa), podrían jugar o no, según lo decidiera el entrenador. Al equipo tampoco le sobraban jugadores. Apenas contábamos con dos titulares, tres más para cubrir los puestos restantes, y dos suplentes.

La surte había evitado el tener que enfrentarnos de entrada con los Gatos Fantásticos, dado que, en un torneo con sistema de eliminación simple, ese encuentro, hubiese significado para nosotros…debut y despedida.

El que la tenía muy difícil para entrar y poder jugar aunque sea un rato, era Tomas, un revoltoso niño muy pero muy bajito, compañero de grado de mi hermana Mora. Tomas no era precisamente un chico habilidoso, pero había demostrado mucha picardía a la hora de los pases…aunque marcado por alguno de los grandulones de los Fantásticos, difícilmente podría lograr que la pelota llegara a destino. Pero bueno, así era la cuestión…si queríamos seguir en cancha hacia un próximo partido, primero, tendríamos que ganar éste, y Tomas no parecía ser el jugador que necesitábamos en la cancha.

Lo que me gustaba de Tomas, era que, sabiendo él acerca de las escasas posibilidades que tenia de ingresar a la cancha, estaba siempre de buen humor. Tomas se entrenaba, alentaba al equipo, y cada vez que algo salía medianamente bien durante los entrenamientos, lo festejaba como un gol de Messi contra Inglaterra. Lo otro que nos sorprendía, era que él inventaba posibles jugadas, como si en cualquier momento fuera a ser designado tecnico del equipo.

Al ingresar a la cancha, pude ver cómo nos aplaudía desde el banco de suplentes, mirando con algo de reparo hacia el sector de la tribuna en el que se encontraban sus familiares.

El encuentro resultaba parejo. Nuestro contrincante podía ganarnos o ser vencido por nuestro equipo, lo cual nos llenaba de esperanza y entusiasmo.

Finalmente, la pelota voló hacia arriba, logrando ser manoteada por la jirafa, quien, sin querer, le dio un muy buen pase a un jugador de “Los aguerridos”, quien en menos de 10 segundos abría el marcador en favor de su equipo.

No obstante el mal comienzo, el partido se mantenía bastante parejo y estable, aunque ellos nos ganaban por 4 a 6 puntos, de manera permanente.

Y fue en el último entretiempo, (cuando me acercaba al banco de suplentes para tomar agua), cuando pude ver la cara de tristeza de Tomas, quien con prisa me acercaba una botella con agua.

El primer suplente había entrado en el tiempo anterior, luego de dos pases erróneos consecutivos dados por “el ardilla”; entonces, Tomas sería el único jugador que no entraría a la cancha en todo el partido. Entonces, ver su carita de tristeza y vergüenza, me conmovió profundamente. Y así sucedió, en ese mismo instante, (nunca sabré como ni cuando se me ocurrió esta loca idea), que me acerque al entrenador rengueando y con cara de dolor, diciéndole: “profe, me duele mucho, me doble el tobillo y se me está empezando a hinchar”.

El DT me miro con cara de sorpresa, indicándole a Tomas que se pusiera la camiseta para ingresar a la cancha cuando culminara el descanso, en tanto yo me retiraba rengueando hacia el banco de suplentes.

El partido siguió parejo, aunque, a poco de concluir el último tiempo, y gracias a dos tiros iluminados del jirafa, quedamos a un solo punto de Los Aguerridos. Fue entonces cuando el tecnico pidió minuto para dar l equipo las ultimas indicaciones. Y fue en ese momento cuando Tomas se puso en el centro de la cerrada circunferencia conformada por los jugadores que seguían en cancha, pidiéndoles unos segundos de atención. Los jugadores y el tecnico lo miraron con más ganas de correrlo que de escucharlo, no obstante lo cual, Tomas alcanzo a decir: me la pasan cerca de la llave, alguno de ustedes se pone detrás del que me marca, allí espera mi pase, recibe la pelota, se da vuelta y mete el doble que necesitamos!!!!

Sin tiempo para pensar ni discutir nada, se reanudó el partido.

El menos marcado por ser bajo y poco ligero, era Tomas…él recibe la pelota cerca de la llave…quien lo marca, (un gigante), toma contacto con él, presionándolo con una marca bien cercana. Estamos viviendo los últimos segundos del partido. Tomas finge estar paralizado. Un segundo después, ve al Jirafa ubicado por fin detrás de su sofocante marcador. Tomas se encoge un poco más y saca el preanunciado pase por debajo de sus piernas y las de su gigante marcador. Su compañero de equipo toma el balón y gira. Mientras salta lanzando la pelota al aro, suena la chicharra que marca la finalización del partido. ¡La pelota está en el aire…si entra, el tanto será válido y Las Maravillosas habrán ganado!!!

¡El equipo ya desmaya de alegría! ¡Todos saltan juntos, abrazados, exultantes, unidos en un solo grito de alegría y furor!

Yo, tratando de no olvidar mi renguera, me acerco al grupo y propongo llevar a Tomas en andas.

Tomas sonríe mientras mira a su familia festejando en la tribuna. No está muy seguro, pero cree que a su abuelo se le está escapando una lagrima.

Ahora el profe nos hace formar en una columna para saludar al equipo perdedor.

 

La noche va finalizando. En casa, me han puesto una bolsa de hielo en el tobillo. Yo les digo que ya estoy bien, que no fue nada. El festejo se apaga, se hizo tarde…besos a todos, rezos y a dormir.

Al poner la cabeza en la almohada, siento que haberle mentido al entrenador me ha dejado algo intranquilo…pero al recordar la carita de Tomas al inicio el partido y la que tenía al finalizarlo, solo puedo sonreír.

¡En aquella noche, yo sé qué junto a Tomas, ganamos más que un partido! ¡Y no puedo estar más contento de lo que estoy!

 

Fabián E. Sotelo