Jueves, 18 Junio 2026 13:16

Crisis Matrimoniales Cap V

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Han pasado varios días desde la última vez que conversamos sobre el tema pareja-matrimonio y familia.

Pronto juntaremos en un solo documento, a todos los textos cortos con los que he pretendido poner el tema sobre la mesa, con la intención que éstos nos ayuden a pensar sobre el particular, para así poder ocuparnos, además de preocuparnos.

Va entonces este nuevo mini capítulo, el cual inicio con algunas preguntas.

¿Repito la historia que me tocó vivir? ¿Busco o identifico a mi padre o a mi madre, en mi propia historia de amor?

Y un día, sin que nos demos cuenta, uno de los dos percibe en el otro, una acción o actitud similar a la que tanto hiciera sufrir a su madre o a su padre, en tiempos en los cuales vivíamos todos bajo un mismo techo como hijos?

Sucede que en caso en que mis heridas, (las provocadas por el dolor generado por sus peleas y discusiones más fuertes), no hayan sanado, (y no digo desaparecido)?
Es probable que mi subconsciente actúe saboteando mi relación, enviando un silencioso mensaje que nos dice: "no puede ser que yo sea feliz, en aquello que tanto pesar causó a uno de mis padres, o a ambos".

Parece que ser feliz en nuestra relación de pareja fuera injusto, poco solidario, o por el contrario, una situación que marcaría la responsabilidad de mis padres por su fracaso, ya que en mi caso, con mi pareja, (en un matrimonio que ya es familia o tiende a serlo), estoy pudiendo ser feliz.
Es una especie de sentimiento de piedad mal entendida.
Es una forma de abrazo que pretende acompañar y justificar esa caída hacia el precipicio, por no haber sabido caminar por un sendero seguro, resolviendo los conflictos existentes.

Entonces, para no quedar atrapados en esta errónea forma de amar a nuestros padres, necesitamos racionalizar aquellas historias del pasado, tratando de establecer las virtudes y defectos de cada uno de ellos y de su relación, junto al procesamiento del recuerdo de los aciertos y desaciertos en los que incurrieron, ya sea en forma personal o en equipo.
Esto nos ayudará a evitar confundir lo que me pasa o nos pasa, con aquel recuerdo que aún pesa en el compartimiento de la memoria emocional de nuestra niñez o adolescencia, esa que sin desearlo, llevamos en nuestra mochila.

Aveces, nuestra historia personal nos juega una mala pasada, y terminamos repitiendo aquella historia que nos hizo tanto daño; una historia que en muchos casos identificamos y prometimos no repetir.

Luego, están los casos en los cuales buscamos en el otro, al padre o la madre que falto o falló, lo cual es un grave error, ya que la función y el amor de una pareja, en nada se parece a una relación filial.

Por último, se me ocurre otra posibilidad de error o dificultad en la relación, cuando una de las partes habiendo idealizado a su padre o a su madre, pretende encontrar, (posiblemente sin saberlo), a un clon; sin recordar que somos seres únicos e irrepetibles.

Parece difícil el poder esquivar tantas posibilidades de error, no es cierto?
Y si, ello no será fácil si en nuestra niñez y adolescencia, hemos carecido de todo aquello que necesitábamos para desarrollarnos sanos en lo psicológico, espiritual y corporal, (amor, ejemplo personal, acompañamiento, exigencia, corrección fraterna oportuna, escucha, estímulo, reconocimiento, y sobre todo, amor flotando en el medio ambiente.).

Y todo será más difícil aún, si al crecer, no he podido conocer, acercarme, y lograr una relación filial con Dios nuestro Señor.
Es tan necesario que Él se encuentre siempre presente en la pareja y la familia!

Necesitamos contar con la Voluntad e intencionalidad que nos permita querer y decidir amar pese a todo..., lo cual solo será posible con la ayuda del Señor.

Fabián E. Sotelo
13.839.579

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